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Cómo consiguió Adán a Eva


Adán andaba triste y meditabundo por el Jardín del Edén sintiéndose muy solito...

Así que le preguntó Dios, ¿Qué pasa contigo, Adán?

Adán le dijo que no tenía a nadie con quién hablar, que se sentía solo e incompleto.

Entonces Dios se propuso darle compañía a Adán...

Y así se lo hizo saber, le dijo lo que sería una mujer.

Le dijo "esta preciosa chica te conseguirá comida y cocinará para ti".

"Y cuando inventes la ropa lavará y planchará para ti."

"Ella siempre estará de acuerdo y acatará cualquier decisión que tomes y no te refunfuñará."

"Y siempre será la primera en admitir sus errores cuando estés disgustado con ella."

"Cuando te vayas de parranda con tus amigos no te reprochará nada."

"¡Ella te adorará y reverenciará!"

"Cuidará de tus hijos y nunca te pedirá que te levantes en mitad de la noche para cuidarles."

"Nunca tendrá un dolor de cabeza y satisfará todos tus deseos de cualquier tipo."

Entonces Adán le preguntó a Dios: "¿Y cómo obtendré una cosa así?"

"Te costará un TESTÍCULO"

¡ ¡ ¡ ¡ ¿ W h a t ? ! ! !

Adán miró hacia abajo (andaba desnudo), tragó saliva y le preguntó:

"¿Y qué me das por una costilla?"

¡Y ya sabes el resto de la historia...!!!

¡Y todo por regatear

Premoniciones


Ayer me enteré que falleció el marido de una amiga. Así que muy de apuro fui directo a la sala velatoria, llegué en el momento que el cortejo salía para el Cementerio de la Paz, así que al menos pude acompañarlos al entierro.

Acá en el cementerio me enteré que por la religión que profesa esta amiga y su familia es tradición llevar a una vidente para que ella indique según sus videncias, quién es la próxima persona que va a morir. Un poco exótico esto, pero uno es respetuoso de tanta tradición y costumbre impuestas o no, que bueno, yo también hice silencio y aguardé su vaticinio como todos los demás presentes, aunque siempre me costó creer en estas cosas.

Después de hacer su concentración, la vidente informó que la siguiente persona que iba a morir sería la primera que saliera del cementerio.

Llevamos 19 horas aquí. Ya hemos pedido pizzas, empanadas, ferné, milangas, coca y birra, gaseosas, café, whiskicito, y hasta mate cebado y bollo con chicharrón. Se formó un campeonato de truco, otro de dominó, chinchón, etc, y al ajedrez le faltan piezas pero a ningún jugador parece importarle...

Cada uno mandó a pedir a su casa su respectivo cargador y hasta conocí unos nuevos modelos de cargadores solares, a cuerdas y hasta a pedales.

Estamos todos aquí todavía sin previsión de dejar el sitio...

PD: Ni siquiera la vidente salió...

Los dos Reyes Magos


Una vez vi a los Reyes Magos. No eran tres, eran dos y eran los mejores magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos, lo mínimo, lo que fuere. Aunque no hubiera nada, ellos lograban que haya lo que para mi era todo. Al tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando los camellos. Nunca, nunca olvidaré a los dos reyes magos que vi. Seguro que ustedes también lo vieron y saben quiénes son y saben que son más magos que reyes. Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acérquense a sus reyes, denles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca) y los que no los tienen con ustedes, sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas...
Agradézcanle la herencia porque ahora muchos de ustedes se han convertido en reyes y en magos. Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertirán en reyes y en magos…. Y dentro de unos años, nosotros recibiremos ese beso en la frente y así será hasta el fin de los tiempos…
Feliz noche para los reyes de hoy, para los de ayer y los reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico, ni mejores reyes que aquellos dos!!

Anónimo

A(r)mando Banfield


A fines de la década de los cincuenta los pagos de Banfield eran un remanso de cielos infinitos y frondosas arboledas. A nueve cuadras de la vieja estación del Tren General Roca, lugar donde nació en 1871 la ciudad a partir de una simple casilla, y yendo de camino al oeste extremo donde el cementerio de Lomas de Zamora había cobrado forma y la antena de Radio Argentina se divisaba como un hito a la distancia, se erigía el barrio S.U.P.E. (Luz y Fuerza), idea originaria del Sindicato Petroleros Unidos del Estado cuando Perón aún estaba en el gobierno y Evita otorgaba créditos blandos, pagaderos a 30 años y con posibilidad de liquidar la deuda en cualquier momento.
Mis padres, a instancias de mi insistente madre y como muchos trabajadores que buscaban el suburbio lejano para formar sus familias y criar los hijos, habían comprado un terrenito con un frente de 10 varas, o 20 codos o 30 pies o 40 palmos, es decir 8,66 mts., como toda parcela desde la época de Garay hasta el presente y 40 metros de lo que parecía un inmenso fondo.


Previendo inundaciones similares a las de su Barracas natal, el joven Don Osvaldo contrató varios camiones de tierra para elevar el terreno. Una vez asentado y pala en mano, se comenzaron los cimientos para ubicar los ladrillos comprados con las primeras entregas del préstamo del Hipotecario. La mecánica era sencilla; había que cumplir un determinado avance de obra antes de recibir otra remesa de dinero y el inspector que la autorizaría, curiosamente, tenía muy pocas pulgas y una puntualidad suiza insuperable, así que llegado el caso de algún retraso, se convocaba a la muchachada compañera del trabajo para dar una mano algún domingo, a cambio de un suculento asado, rociado con vino de damajuana, de esas gordas y verdes con canasto de mimbre, que parecían interminables. 

Los planos de las casas eran pocos pero funcionales y apropiados. La Fundación Eva Perón con el Banco Hipotecario tenían tanto chalecitos con techo de teja y tres ambientes, como casas con techo de losa de cuatro. Nada pretencioso, pero de buen gusto y funcional en el mejor estilo Californiano de la época, donde el American way of life era norma.


Para cuando la casa pudo ser inaugurada Perón ya no estaba en el poder, la calle era de tierra con zanja a ambos lados, no había cloacas ni agua corriente. La bomba manual seguiría requiriendo de nuestra fuerza por varios años, pero el progreso llegaría pronto y con la llegada de él la bomba y el pozo debieron ser clausurados.

Godoy Cruz 1252 recién terminada

La escuela N°33 Sargento Cabral estaba en línea directa al fondo de la casa, un poco más allá la Sociedad de Fomento donde el único teléfono público quedaba guardado en un nicho a la calle al que se accedía mediante una llave que cada familia cuidaba con esmero. El doctor Gata era el único médico disponible, uno que por esos avatares del destino sería salvado de viejo por uno de sus pacientitos que había llegado a médico. El almacén de Zulema, la mercería, la bicicletería de Coquito , Don Mateo con su quinta de verduras y frutas frescas, Don Alberto, serio hasta perder su pierna y bailarín empedernido y alegre sin ella, administraba el kerosene, el carbón y los pollos puestos a morir colgados de cabeza en una larga agonía, mientras el quiosco del cieguito que siempre veía mejor que uno mismo, completaban el paisaje comercial variopinto de la zona.

Godoy Cruz 1252 hoy

En los veranos en que las chicharras no dejaban dormir de día y los perros con sus aullido de noche, pasábamos la tarde en el Club Defensores de Banfield, haciendo gimnasia o natación en esa pileta que para nosotros era lo más parecido al mar y que fue tumba para algunos mientras la parca nos pasaba de largo en algún juego estúpido que la llamaba innecesariamente. Por las tardes clases de guitarra con el profesor Morelli, y vuelta a casa a desojar los días quemando hormigas con la lupa en la vereda mientras con la otra mano sosteníamos una chupaleta de 20 cmts de diámetro de puro colorido a la espera que el heladero pasara a regalarnos un poco de hielo seco para experimentar en el agua de la zanja alguna película de terror.


La vereda era territorio del diario de papá y el tejido de mamá. De carnavales de baldazos y pomos insuficientes, en guerras entre varones y mujeres. De noches de Navidad o Año Nuevo de petardos en los caños de desagüe y cañitas voladoras arrojadas a la Luna. Los "campitos" eran tierra fértil para el picado, la choza de ramas durante la poda y la cocina de ranas, anguilas y mojarritas pescadas a lo indio y cocinadas por las queridas "fogaratas" que aún arden en el recuerdo. Las mismas con las que hacíamos las honras fúnebres vikingas para todo cadáver de animalito que apareciera cubierto de gusanos abandonado en el baldío.
La zanjas eran trincheras de combate donde con el casco de plástico y la ametralladora del espacio librábamos guerras con uniformes Grafa cosido por la tía Helena, aquella que nos regalaba bolas de fraile rellenas de mermelada, mientras las medianeras eran los aviones desde los que nos tirábamos  en paracaídas sobre la tierra haciendo una rodada.
El barrio era el carnicero Antonio pesándonos cuando apenas habíamos nacido, la enfermera María con su cajita metálica llena de agujas gruesas y émbolos de vidrio que había que esterilizar antes de pincharnos la cola, la peluquería de mamá donde las horas eran interminables entre ruleros y secadores de pelo sirviendo de marco al chismorreo semanal y a la competencia de logros de hijos y maridos.
Era el nacimiento de las letras los sabados de caminata hasta la librería frente a la estación para comprar la colección Minotauro y conocer a Bradbury Ballar, Clarck, Dick y cientos de otros que formarían mi imaginación antes que mi intelecto.


Banfiel para mi también es la interminable caminata para hacer las compras mientras mi madre paraba a charlar con cada una de las vecinas que iba encontrando a su paso. De los largos paseos en bicicleta. Carritos a rulemanes, balero y trompo.
La escarcha por las mañanas de pullover de lana y zapatos de suela esperando el colectivo para ir al secundario en Avellaneda. El tablero y la regla ´T´ para hacerme lugar entre el pasaje como un cruzado que acomete con su lanza sin dejar enemigo en pie.
Pronto el barrio S.U.P.E. se convirtió en otro barrio parque de la zona, con rejas y casi nadie asomado a la vereda. Un barrio con eje en la familia López y sus hijos, mano de obra armada de la Juventud Peronista, apostando a la violencia de los setenta. Era la familia Martinez y sus hijos siempre dispuestos al bullyng y para compensar los Morgan dispuestos a ayudar al indefenso. Era el hijo de los Escalada que alimentaba con wiskey a los gatitos recién nacidos para que no pasaran frío pero pasaran a mejor vida y también eran los Maggio y su malsana costumbre de ganarme todas las bolitas, incluída la bordona.
Era Verónica, mi primera novia merecedora del primer beso en la boca al que solo accedió si estaba Susana como testigo, sin saber que ella hubiera querido cambiar de lugar apenas conocida la noticia.


Banfiel también eran las casitas inglesas del ferrocarril y el Gazcon Lawn Tennis Club al que jamás podría acceder el hijo de un obrero metalúrgico, razón por la cual el tenis nacional ha perdido una estrella como yo.
En el corazón quedan las caminatas interminables de la mano de papá para comprar un yoyo Russell de Coca Cola, o la vuelta a la manzana en bici sostenida por su mano hasta que notó mi confianza y me dejó volar solo.
Es mamá Elisa en la cocina echándome para que no me hiciera maricón ante cualquier consulta culinaria. Cuidándome en mis ataques de asma con leche con coñac , Vick Vaporub o fomentos en la espalda.
Un buen día tomé pista y volé. Me fui lejos y el nido quedó vacío. Para cuando volví ya nos habíamos ido todos. La casa se había vendido y mis padres volvieron a su querida Barracas, el equivalente a mi Banfield en sus vidas. Fue en ese momento en que me prometí volver. Comprar mi propia casa allí. Pero el tiempo me devuelve al momento en que mi padre y yo cerramos las puertas alumbrados con linternas para nunca más volver.
Dentro del corazón quedaron las chicharras, los ladridos en la noche, alguna astilla de aquellos árboles y un poco del inmenso cielo celeste que nunca ha de volver.
Como la vida misma.

OPin 2017.



El Hada Patricia


Se llama Patricia Scaliter aunque para los niños de la década del 60 hasta mediados del 70 se trataba de Patricia, El Hada Buena del Bosque
Para ella todo comenzó cuando tenía tres años y su madre la enviaba a estudiar danzas clásicas , pero un buen día cuando estaba presenciando un programa de la televisión de entonces ( La Calesita de Tatín) donde bailaba en el grupo de balet su también conocida hermana (Amalia Scaliter), sorprendió al conductor del programa por su verborragia y desfachatez. Los productores le ofrecen a su madre el sacarle fotos publicitarias , y de esta forma comenzó su carrera actoral hasta llegar a García Ferré que en ese entonces influía fuertemente en el mundo publicitario con sus animaciones y hasta tenía ya su propia agencia. Luego vinieron los programas infantiles, primero el Club de Anteojito y Antifaz en Canal 9 por 1964 momento en que pasó a convertirse simplemente en el Hada Patricia, (también interpretó otros papeles allí como la indiecita Ojos Grandes , hasta a una ancianita ) personaje con que se traslada a otro programa de la factoría García Ferré, El Club de Hijitus en Canal 13 en 1968.
Su personaje era justamente un hada que contaba cuentos de animalitos, pero con el tiempo fue creciendo pues debía proteger al bosque de la malvada Cachavacha (bajo cuyas ropas se encontraba don Néstor D’Alessandro quien le daba la voz al personaje además de personificar a Manuelo otro personaje de ambos programas) Mientras el programa salía al aire, era la heroína de su propia fotohistorieta donde compartía aventuras con personajes dibujados en las páginas de la nueva revista escolar por esos años ( Anteojito)


De esta experiencia ella recuerda que esperaba ansiosa las largas sesiones fotográficas no por el hecho de interpretar a su personaje sino porque el fotógrafo le daba Coca Cola y galletitas Lo bueno es que ella siempre lo tomó como un juego y nunca supo realmente el impacto que producía en los chicos de entonces , los mismos que hoy la recuerdan con mucho cariño sorprendiéndola gratamente . Confiesa que pese a todo siempre fue muy tímida y le daba vergüenza que la reconociesen en la calle a tal de punto que hasta podía pasar por antipática por el solo hecho de tratar de esquivar estas situaciones. También confiesa que al menos no sufrió el hecho de ser una niña prodigio y trabajar desde tan temprana edad porque distribuía muy bien su tiempo de tal manera de no descuidar ni la escuela , ni el hecho de seguir siendo una niña, no obstante confiesa que hoy por hoy no le gustaría que sus hijos siguiesen en el medio.


Volviendo a su personaje recuerda que lo que mas le gustaba en el programa es contar cuentos de animalitos del Bosque donde muchas veces llevaban animales reales que la acompañaban. Sus compinches en ese entonces eran otro niño que participaba en el programa : Emilio Cartoy Díaz ( Hoy productor de Tv) que interpretaba a Manuelito y los Hijos del payaso Firulete que tenían todos casi las mismas edades .

Filmó cortos de El Libro Gordo de Petete, conduciendo junto a Héctor Larrea el programa Calculín y la Familia con el Panel de la Felicidad.
Sus conocidas palabras mágicas: “ Toco el aire con mi varita mágica y digo las palabras mágicas Intríngulis Chíngulis!...
Además trabajó en publicidades, en teatro y en cine junto a Luis Sandrini, Lolita Torres, Thelma Biral, Guillermo Bredeston, Rodolfo Bebán y hasta con Sandro que siempre fue su ídolo desde pequeña.

2001

A los 18 años mientras seguía conduciendo programas distribuía su tiempo estudiando y luego trabajando como azafata de líneas aéreas , carrera por la que terminó optando y que la llevó a conocer a su marido y radicarse desde entonces en Philadelfia, donde tuvo a sus tres hijos y siguió estudiando Psicología , carrera que hoy practica .
Espero que que el curioso que llevamos dentro haya satisfecho su curiosidad.

Taluego.

Fuente: http://omarcitus-omar-citus.blogspot.com.ar y revista Plan TV nº10

Esquina peligrosa


[Minicuento - Texto completo.]

El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.

Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de departamentos.

Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.

-Deténgase aquí. -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.

El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.

Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:

-¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.

El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.

La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

FIN

Marco Denevi

Colabora Margarita Grigera

Delfo Cabrera


El 2 de Agosto de 1981, en un accidente automovilístico moría el ganador de la medalla de oro de la maratón en los juegos Olímpicos de Londres en 1948, ese día fallecía Delfo Cabrera. Nacido en Armstrong, Santa Fe, en Abril de 1919, en el seno de una humilde familia, que lo rodeó de amor al igual que a sus 5 hermanos, Delfo de muy joven trabajó en tareas rurales y se movilizaba corriendo, llegó a correr más de 20 km diarios. En 1932, con solo 13 años se entera de la hazaña de Zabala en los juegos Olímpicos de Los Ángeles, esto le sirvió de inspiración. En 1937 lo descubre el entrenador Francisco Mura, quien lo lleva a San Lorenzo de Almagró donde entrenó profesionalmente mientras se desempañaba como policía. En los juegos de Londres 1948 participó en la maratón, largó moderadamente resguardando fuerzas para el sprint final, ingresó al estadio Wembley en segundo lugar detrás del Belga Étienne Gailly al que rebasó a escasos metros de la meta, medalla de oro y gloria eterna. Se le invitó a regresar en primera clase pero prefirió hacerlo con sus compañeros atletas en tercera. A su regreso expresó abiertamente su admiración por Perón y Evita, quienes fueron los padrinos de su primera hija, recibió la medalla al mérito deportivo en la Plaza de Mayo y fue ascendido a cabo, terminó sus estudios y se recibió de profesor de educación física. La revolución libertadora arruinó su vida, fue despedido de la policía y olvidado. Años después como el deporte Argentino no volvía a conquistar medallas en atletismo su figura renació, así fue que el 2 de Agosto de 1981 fue a Lincoln a recibir un homenaje, a su regreso chocó frontalmente con un Ford Falcon manejado por un militar alcoholizado, la familia le inició juicio al estado pero la dictadura militar se encargó que ningún abogado aceptara el caso, la causa estaba perdida hasta que un abogado de extracción radical y dirigente del partido aceptó el caso. Fernando De La Rua llevó adelante el caso, fue amenazado y perseguido pero se mantuvo junto a la familia Cabrera hasta que ya en democracia, en 1989 ganó el juicio.

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